
Al Gobierno le ha tocado la lotería: ha ganado las elecciones y ha desaparecido la oposición. Las generales de Marzo han sido una bomba en un PP que comienza a cuestionar el liderazgo de Rajoy, que se ha autopostulado como candidato y lider para 2012, y en un Rajoy, que parece comienza a cuestionar la estrategia de los cuatro últimos años. Y es que la cuestión es compleja; sobre el autonombramiento de Rajoy hay que decir simplemente que los partidos políticos en España ni son democráticos ni lo pretenden, con lo que en ese sentido no hay mucho que decir. Dedazo va, dedazo viene. (El nombramiento de ZP, por ejemplo, no fue resultado de unas primarias, como dicen, sino el resultado de una lucha de poder entre familias. En éste sentido ninguno de los dos partidos puede dar muchas lecciones).
Y sobre el cambio de estrategia, pues podríamos decir que siendo cierto que la estrategia de comunicación del PP es manifiestamente mejorable, la verdad es que nunca van a conseguir que la izquierda les vote, por mucho que se empeñen. La táctica de acercarse al nacionalismo puede convenir a un partido socialista que después de todo es federalista, pero no a un partido que defiende una idea nacional de España. Y que no va a gobernar nunca (espero) con el BNG en Galicia, o con Esquerra en Cataluña, ni con el PNV en el País Vasco.

Es verdad que sacaron 10 millones de votos en las últimas elecciones, pero ¿y si por querer girar "al centro" en vez de más sacan menos votos?. La verdad es que la cosa está bastante complicada, justo cuando hay más temas para hacer oposición. Se comienza a comparar a éste PP con el de Almunia, pero hay una clara diferencia: el PSOE post-Almunia se encontró con una mayoría absoluta del PSOE y cuatro años que claramente eran de secano, y que podían emplear en buscar tranquilamente un candidato, porque hicieran lo que hiciesen lo tenían todo perdido.
Pero ZP tiene una mayoría simple que una oposición de cuatro años concienzuda e inteligente claramente puede trocar en derrota electoral en 2012. Desde luego, no es el momento ni de trocear el partido, ni de cuestionarlo todo ni de venirse abajo. Con un poco de sentido común, podrían ganar las próximas elecciones, pero si de una manera irreflexiva, despreciando a los que les han votado hasta ahora contra viento y marea, deciden prescindir de parte de su mejor capital humano e ideario tradicional, se pueden quedar más solos que la una. Para eso ya está Zapatero.









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